UN TIEMPO MÁS SALVAJE

UN TIEMPO MÁS SALVAJE

19,90 €

Producto Disponible - (Imp. Incluidos)

EAN / Cod. Barras978-84-17800-54-3
ReferenciaL17.046
MarcaErrata Naturae
Peso0,4 Kg


Un viaje al pasado remoto



Es bien sabido que Groenlandia está perdiendo su capa de hielo glaciar. Un mal síntoma para la salud del planeta, pero una bendición para los geólogos que pueden asomarse a algunas de las rocas más antiguas de la corteza terrestre. Eso sí, hace falta saber leer su mensaje cifrado.

El geólogo estadounidense William E. Glassley viaja a las costas occidentales de Groenlandia en compañía de dos colegas daneses, Karl Sorensen y John Kostgard, para acampar durante algunas semanas en una de las mayores extensiones de tierra virgen que aún quedan en el mundo, unos grados por encima del Círculo Polar Ártico. Buscan los vestigios de un fenómeno muy antiguo, tanto que tuvo lugar hace entre 3.500 y 2.000 millones de años, y del que sólo quedan algunas pruebas indirectas. Como reconoce el propio Glassley, la suya es una ciencia forense. Cuando esta región no ocupaba latitudes tan septentrionales fue el escenario del encuentro entre dos placas tectónicas. Como sigue ocurriendo en la actualidad, aquella poderosa pero lentísima colisión hizo que se elevara una cordillera que podría haber alcanzado la altura de los Alpes, quizá la del Himalaya. Ahora sólo cabe localizar sus cicatrices en la roca madre que el hielo va dejando al descubierto. Todo lo que encuentran a lo largo de sus seis expediciones (deslizamientos de fallas gigantescas, extintas cadenas de volcanes, enormes cuencas oceánicas) invita a reflexionar sobre la grandiosa historia de la Tierra.

Pero, además de geólogo, Glassley es un naturalista muy consciente del privilegio que le ha sido concedido al trabajar en un lugar así, y no se le escapa un solo detalle sobre los fiordos, la vegetación rastrera de la tundra, la fauna terrestre o las aves marinas. Tampoco le resultan indiferentes los fenómenos meteorológicos, tan llamativos y cambiantes. Reconoce que, aunque siempre estuvieron movidos por un genuino interés científico, “nuestras vivencias han sido de un orden cercano a la experiencia de lo sagrado.”

Así pues, no se trata tanto de un libro de geología, que lo es, como de un sincero cuaderno de viaje. Allí se describen los hallazgos científicos que dan sentido a años de esfuerzo y tesón, pero también afloran los descubrimientos personales del autor ante una realidad que nada tiene que ver con las zonas habitadas y densamente urbanizadas de las latitudes medias. No han ido precisamente en busca de oro, como sospechan algunos residentes que se interesan por su trabajo. Sólo pretenden algo inconcebible: desentrañar sucesos remotos que ha quedado escritos en las rocas.