Filosofía Zoológica

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Filosofía Zoológica [Lamarck, 1809] es reconocida como la primera obra en la que se presenta la transformación de las especies.



Filosofía Zoológica

  • Jean Baptiste Lamark
  • La Oveja Roja, 2017
  • 592 págs. 13 x 21 cm.

Filosofía Zoológica [Lamarck, 1809] es reconocida como la primera obra en la que se presenta la transformación de las especies, coo teoría y como concepto universal de la naturaleza. El germen intelectual de todo el maremoto que se consolidaría tras la irrupción de Darwin en la escena científica del siglo XIX, cincuenta años más tarde. Una contribución de altura, aún no siempre justamente reconocida, por la que este libro merece un lugar privilegiado en la historia de la ciencia.

No obstante, la potencia de Filosofía Zoológica no se agota aquí, y su contenido excede el mero papel de introducir este concepto. Este libro trata de esclarecer las causas generales de los fenómenos vitales, sus mecanismos y su naturaleza, a través de un sistema de principios que quedan coherentemente integrados y dan soporte a su visión transformista del mundo. La evolución no es el tema central del libro, es su columna vertebral. Un axioma sobre el que desplegar un entendimiento de lo vivo bajo una óptica sin precedentes. La evolución, tomada como hecho, debe ahora ser examinada, formalizada y usada como principio organizador de la naturaleza viviente.

Filosofía Zoológica es, en síntesis, una obra con la que su autor introduce un método, una filosofía, con la que afrontar la complejidad dinámica de la naturaleza. Una visión unificadora a la luz de la evolución, a la que el propio Lamarck se referiría como Biología. Un concepto nuevo para una nueva disciplina.

Una proposición arriesgada, osada, que es acompañada de todo un ideario igualmente quijotesco. Un sistema que trata de arrojar luz en el más primigenio de los vacíos. Lamarck, al enfrentarse a los fenómenos más diversos, derivados de la observación y de su misma introspección sensorial, abarca algunas de las cuestiones generales de la naciente Biología. En sus planteamientos, se entremezclan especulaciones fantásticas con intuiciones geniales. Un estilo que hoy, como entonces, no dejará indiferentes a sus lectores.

La presente edición, la primera íntegra en castellano, no sale a la luz como una mera traducción de un clásico, destinado a historiadores de la ciencia y profesionales de la Evolución. Es un proyecto que nace con la pretensión de llenar el vacío editorial que existe sobre este autor en nuestra lengua, un olvido intencionado, en un momento en el que la trascendencia de sus ideas cobra nuevas fuerzas, formas y sentidos. Una celebración y una vindicación de las bases fundacionales de la Biología.

Porque, a día de hoy, buena parte de las premisas de esta obra siguen en el centro de nuestro entendimiento biológico, bien como hechos consensuados, bien como temas de debate: este libro introduce un modo de pensar material y temporal, plantea las cuestiones clave sobre el origen y la evolución de la vida, abre las puertas para ordenar sus producciones en un sentido filogenético e invita a la creatividad y la duda tan necesarias en las ciencias. Trata, de igual modo, de abarcar cuestiones profundas que aún hoy no están completamente resueltas, y que serán de interés para quienes se enfrenten a la fisiología animal y vegetal, la neurobiología y la semiótica de los cuerpos vivos desde una perspectiva histórica.

Pero, muy especialmente, porque conceptos identitarios de esta obra como son la herencia de caracteres adquiridos y el papel activo de los organismos en su evolución, que se creían superados por el desarrollo de la genética clásica y de la moderna síntesis neodarwinista, toman ahora un nuevo sentido bajo el paradigma de la epigenética y de la llamada “herencia blanda”.

La tesis lamarckiana de que las experiencias de los organismos disparan respuestas adaptativas y hereditarias vuelve a estar vigente. Numerosos fenómenos descritos recientemente pueden leerse en esta clave y otros tantos adquieren coherencia bajo esta concepción de la vida que ya reclama su espacio dentro de una nueva Síntesis Evolutiva.

El nombre de Lamarck, caricaturizado y proscrito durante tanto tiempo como el más infame contrapunto a las bondades del darwinismo, reaparece ahora con pleitesía en la prensa especializada. Una provocación que nos invita a redescubrir la riqueza de su obra, así como a replantearnos los cimientos elementales de todo el edificio de conocimiento que el siglo XX construyó al margen y, con frecuencia, en confrontación con los aspectos formales de sus tesis.

Un buen momento, quizá, para mirar hacia atrás como una inspiración para el futuro. Un juego temporal y material. Para plantearnos qué supuso esta obra, qué supone ahora, e, incluso, que podría haber supuesto si las condiciones le hubieran dado otra posición en la historia.

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