Altitud en vena

Autoedición

Altitud en vena

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Código REF. / EANL17.002
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Altitud en vena

  • J.M. Valderrama
  • Autoedición 2014
  • 180 págs. 22x14,5cm


Apoyándose en una prospección zoológica cuyo objetivo era detectar la presencia de linces boreales y leopardos de las nieves en la región transhimaláyica de Ladakh, Altitud en vena nos cuenta las vicisitudes de los cuatro componentes de aquella expedición. Gente normal que vive con pasión sus pequeños hobbies: buscar vida salvaje en lugares remotos, subir montañas, transitar paisajes deshabitados. Si algo corrobora Altitud en vena es que todo viaje que se precie es un viaje interior y que si hay un lugar propicio para desnudar el alma es la montaña. Que mejor escenario que las cumbres himaláyicas del antiguo reino tibetano de Ladakh.


Cita del autor:

" En el verano de 2010 cumplí un sueño: fui al Himalaya. Y no a cualquier cosa. Nuestra expedición tenía por objetivo hollar un seismil y buscar leopardos de las nieves, así como linces boreales.
Éramos cuatro amigos bien avenidos. Mis colegas, expertos zoólogos, tienen por afición buscar especies prácticamente extinguidas. Eso requiere ir a lugares más bien remotos. Ladakh, entre las cordilleras del Himalaya y el Karakorum cumple con ese requisito. Y con otro muy importante: está a salvo de los monzones, lo que posibilita ir en verano.
Fueron días de asueto, de alegrías, de respirar, de andar. Fueron días maravillosos dentro de un grupo perfectamente engastado. Un grupo operativo, duro y entusiasta. Solo hubo una cosa que lamentar: aquel verano fuimos los campeones del mundo y nos lo perdimos. Yo juraría que, en uno de aquellos acechos a cinco mil metros, mientras caía una ligera nevada, oí algo así como ¡Iniesta de mi vida! Debió ser el Yeti.
A la vuelta parí unas notas sobre el viaje. Unas cuarenta páginas que trabajosamente, cada tarde, escribía en una terraza. Llegaba con la bici, me pedía un café americano y me ponía a escribir durante un par de horas. El montón de papeles crecía a la par que lo hacía la curiosidad de las camareras. Por fin una de ellas se decidió a preguntar ‘¿Le gusta escribir?’. Me llamó la atención el tratamiento de usted. Escribir impone.
Le comenté un poco sobre el viaje y mi gusto por la escritura. No dejaba de poner muecas extrañas pero cada tarde me llegaba el café americano sin pedirlo. El tono festivo con el que atendían otras mesas se diluía en cuanto me avistaban. Escribir es serio. No querían espantarme. La cacatúa, yo, estaba bien en su mesa, no molestaba a nadie. Podía ser un buen reclamo para el negocio. Pensaban.
Yo seguía allí posado en la mesa, cada tarde. Garabateando papeles. Estaba a punto de quedarme sin ideas cuando mi amigo Lalo me dio unas cuantas pistas y sugerencias para ampliar el manuscrito.
Terminó el verano. Y yo la primera versión. Estuvo dando vueltas por unos cuantos concursos. La retoqué. La mareé. La corregí. La di a leer. Recabé opiniones. Y por fin me decidí por la autoedición: Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña.
Tratándose de ir a montañas no hay problema."


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